Che Guevara, 50 años después

CheHigh

Juan Villoro ha dicho que el Quijote ve el mundo como lo lee. Pasa de la literatura a la realidad y es su proyecto de lectura lo que lo define. Para Ricardo Piglia, el Che Guevara, como el Quijote, prefiere salir al mundo para deshacer entuertos.

El Che pretende pasar de la moderación a la acción revolucionaria. Acumula convicciones y proyectos en sus viajes por América. En medio de la marcha de la historia se contrapone a la política como “un pedagogo de si mismo que ha descifrado la construcción del sentido que construye en el aislamiento de la lectura” (Piglia).

Lo dota ya una convicción que detona en aquel encuentro en México con Fidel Castro y su posterior partida en el Granma. Un acto pasional que lo llevará, después de Cuba, a una aventura que acabará en La Higuera, Bolivia.

Guevara se entiende solamente en el heroísmo (y el sacrificio), ahí es donde encontrará sentido a su vida. El líder carismático se construye en la realidad y se convierte en un guerrillero que se perturba como hombre de gobierno. Se busca en Bolivia como el Che, el revolucionario que un día le comentaría a Fidel que después de Cuba haría la revolución en otras partes, el héroe huye del Estado para convertirse en un hombre de su tiempo

Juan Villoro ha dicho que el Quijote ve el mundo como lo lee. Pasa de la literatura a la realidad y es su proyecto de lectura lo que lo define. Para Ricardo Piglia, el Che Guevara, como el Quijote, prefiere salir al mundo para deshacer entuertos.

El Che pretende pasar de la moderación a la acción revolucionaria. Acumula convicciones y proyectos en sus viajes por América. En medio de la marcha de la historia se contrapone a la política como “un pedagogo de si mismo que ha descifrado la construcción del sentido que construye en el aislamiento de la lectura” (Piglia).

Lo dota ya una convicción que detona en aquel encuentro en México con Fidel Castro y su posterior partida en el Granma. Un acto pasional que lo llevará, después de Cuba, a una aventura que acabará en La Higuera, Bolivia.

Guevara se entiende solamente en el heroísmo (y el sacrificio), ahí es donde encontrará sentido a su vida. El líder carismático se construye en la realidad y se convierte en un guerrillero que se perturba como hombre de gobierno. Se busca en Bolivia como el Che, el revolucionario que un día le comentaría a Fidel que después de Cuba haría la revolución en otras partes, el héroe huye del Estado para convertirse en un hombre de su tiempo.

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El Capital, 150 años

Karl Marx redactó su obra insignia en medio de vicisitudes físicas, económicas y familiares. Durante años la concreción de su magna obra debió sujetarse a la falta de recursos, a la enfermedad y a la oposición personal de entregar una obra que consideraba debía ser un todo artístico.

Marx era un insatisfecho con su trabajo, un ser obsesivo y perfeccionista que deseaba servir a la lucha obrera con su intelecto y capacidad de escritura antes que hacerlo como dirigente político.

Marx, dotado de un conocimiento erudito había logrado combinar la actividad política, periodística y de investigación pero sabía que escribir su “obra de arte” requería de tiempo completo y grandes sacrificios. “Nadie ha escrito tanto sobre el dinero teniendo tan poco” le confiaba con sarcasmo y pena a Engels, su único amigo, sostén económico y camarada.

El largo proceso de redacción de lo que sería el primer volumen de El Capital estuvo marcado por periodos de procrastinación, por la demanda de sus editores, compañeros y la insistencia de Engels. Nada de esto era suficiente. Parecía que su estudio sobre el capital y la política era un asunto interminable.

Marx siempre encontraba una nueva necesidad de conocimiento, de pistas, de búsqueda de datos que podrían ayudar a concluir su trabajo. Aprender ruso, esperar las conclusiones de nuevas investigaciones, o someter a los forúnculos que le atacaban por la enfermedad y que lo obligaban a trabajar largas horas de pie (“espero que la burguesía recuerde mis forúnculos hasta el día de su muerte” le diría a Engels) fueron parte de un largo proceso de revisión, escritura y correcciones al texto con el que inició 20 años atrás.

Al final, en 1867, la primera parte de su gran obra fue terminada, editada y publicada. Empezaría con ello una larga vida de revisiones, traducciones, comparaciones, objeciones y halagos.

Marx, capaz de una prosa vehemente, precisa y contundente, había descrito, unos años antes, al movimiento obrero y comunista como el nuevo fantasma que recorría el mundo. Su trabajo sobre la economía, ahora, era la descripción densa y documentada del otro espectro, el del capital y sus mecanismos.

El Capital es, sin duda, ya una obra imprescindible, más allá del dogmatismo y más acá de lo banal. Con el tiempo pasó de ser una “biblia” a un libro hereje, de un libro de divulgación a un libro de culto, de una obra artística interminable a un clásico que es actual para entender cómo funciona el capitalismo.

Marx, un personaje con un sentido del humor afinado, seguramente estaría satisfecho, en parte al saber que después de 150 años sus esfuerzos han abonado en la lucha por un mundo distinto y, seguramente, disfrutaría al saber que la burguesía, aún hoy, recuerda sus forúnculos cuando lee El Capital.

 

Delfina y Marichuy

Para la escritora Marcela Serrano las mujeres son la historia de sus actos y pensamientos, de su pueblo y de su raza, la historia de una conciencia. Hoy, en el México del siglo XX, hay dos mujeres que han hecho mirar a este país con la conciencia de sus faltas y estereotipos.
En la selva chiapaneca María de Jesús Patricio, Marichuy, fue electa en asamblea por el Congreso Nacional Indígena, CNI, y el EZLN como vocera del Concejo Indígena y su virtual candidata a la presidencia de México en el 2018. En el Estado de México, Delfina Gómez se proyecta como la candidata que hoy puede derrotar al PRI en esa entidad.
En un país donde los feminicidios han crecido de manera exponencial -alrededor de un 200% en los últimos 15 años- donde la brecha de género sigue reflejándose en el acceso al trabajo y salarios bien remunerados, a la educación superior y donde el acoso sexual es el pan de cada día, no es casualidad que ambas mujeres sean los rostros de la esperanza renovada.
Marichuy, médica tradicional nahua, representa la organización por más de 20 años de la lucha indígena desde el alzamiento zapatista de 1994. Delfina, maestra de primaria, representa la posibilidad de romper con la hegemonía del grupo Atlacomulco con la bandera de Morena, la organización política más significativa de la izquierda política durante la última década.
Delfina ya sufrió los ataques de un sistema longevo y rancio que desde el centro y la derecha la criticó por ser una mujer sencilla, por su forma de expresarse .
Marichuy aún no ha sido atacada, no habrá que sorprendernos si las actitudes benévolas, liberales y con buena acogida porque “los indígenas toman parte de la lucha política” cambian cuando la crítica zapatista e indígena señale al sistema capitalista, al racismo y lo limitado de los procesos electorales.
Delfina enfrenta la jornada electrónica de hoy con los estragos que le dejaron los ataques del criollismo liberal intelectualoide y del conservadurismo soso. Se le negaron logros como profesora con dos maestrías, como presidenta municipal, como diputada federal y como candidata. Durante la campaña electoral se le acusó de solapar la corrupción y acatar las órdenes ya sea de aquel a quien nombraron “su padrino” o del otro al que ubicaban como “su jefe”.
En un México misógino, a Delfina la acusaron de ser parte de un grupo político donde un hombre le dice qué hacer y cómo hacerlo.
Incluso ha querido ser superada por la mercadotecnia machista de un candidato de centro izquierda con un pasado más nebuloso y cuestionable que el de la aludida. En el mundo del poder para unos cuantos, Delfina está en empate técnico pero gana Del Mazo y Zepeda es la nueva estrella del PRD.
En el mundo de los beneficios negociados y la preservación de prebendas, a la mujer que puntea se le pide declinar como respuesta al líder del partido opositor y no se le responde a ella y a los mexiquenses que quieren un cambio y que ven a Delfina como la mejor opción para gobernadora.
Desde el México de los de abajo, la historia de Delfina este 4 de junio (y la de Marichuy en el 2018) será la de “los actos y pensamientos, heridas y entusiasmos, lo pequeño, lo trivial, lo cotidiano”. como nos cuenta la escritora chilena. Desde el México de los de abajo, estas dos mujeres pueden representar la dignidad y la lucha por la justicia.

Cohen, el gran partisano

Se acaba de ir al “futuro” Leonard Cohen, el poeta y narrador que habló y cantó sobre lo que debe escribir un poeta: mujeres, romances, sexo, religión, política sus divorcios y aventuras (como con Janis Joplin).

Oírlo o leerlo en el presente es entrar en un mundo melancólico, casi depresivo que se parece mucho a la realidad.

Cohen era mordaz y agudo, sexual y religioso…Fue un poeta que aprendió guitarra porque le ayudaba a conquistar mujeres.

En el signo de los tiempos, hace un par de años Leonard Cohen sonó como el fondo musical para la parábola en la plaza de Syriza y Podemos, “First we take Athens then we take Madrid” parafrasearon al poeta y como en una canción de Cohen, Syriza, devino en una depresión oscura y circular, “dijeron el nombre en vano y ni siquiera sabían cuál era el nombre” y Podemos se mueve entre “un halo de luz en cada palabra donde escuchamos al Espíritu Santo o un roto Aleluya”.

A Leonard Cohen lo escuché por años en las voces de John Cale, REM, los Pixies, Nick Cave… y siempre regresé a su Songs Of Leonard Cohen, a su Old Ideas, a las presentaciones en vivo, a su documental.

Me gustó escucharlo en viejos cd’s que no cubrían con tecnología su voz rasposa, la que adornaba con elegantes trajes y sombreros. Lo sigo escuchando en las versiones de MP4 que abundan en los sitios de música que lo tienen como un clásico al que seguramente recurrimos algunos para no oír a Lady Gaga o Justin Bieber como las únicas novedades.

Para mi oír a Cohen es disfrutar la cadencia y metáfora de sus letras que vienen de influencias tan variadas como Dylan (a quién vanaglorió por el Nobel) García Lorca, Milton…

Escucharlo es como practicar un dogma que se debe romper, irse de él y regresar para encontrar algo nuevo.

Hoy Cohen es el partisano que se marcha con sus salones de la fama, sus premios literarios y el agradecimiento de miles que le dijeron al “hombre” Leonard, I’m your fan.

En estos días donde algunos sufren, niegan o no entienden a presidentes o por qué hay tanta mierda, vale la pena escuchar a Leonard Cohen y saber que “el viento, el viento sopla a través de las tumbas el viento sopla y la libertad vendrá pronto y saldremos de las sombras”
(Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come
Then we’ll come from the shadows).

 

La pugna por la Asamblea legislativa (o la caquistocracia capitalina contra la gente)

La Ciudad de México es rehén de los intereses de los partidos del pacto contra México. En la Asamblea Legislativa del Distrito Federal se ha puesto en práctica un ejercicio anti democrático que vulnera a la ciudadanía y que busca, con un descaro inaudito, hacer un uso faccioso del presupuesto asignado al Distrito Federal.
La coalición PRD-PAN-PRI (más la avidez ya histórica del verde, del humanista, del movimiento ciudadano y del partido del trabajo) se ensaña en proteger intereses y prebendas de una clase política capitalina cuyos personajes más oscuros y corruptos lideran la lista de privilegios. La clase política capitalina se sustenta en la defraudación, las componendas y las alianzas oscuras. 
Esa alianza es de intereses económicos más que parlamentarios, pero como premio a su corrupción, mediante un avasallamiento legislativo, los ha llevado a obtener la mayoría de las comisiones legislativas, entre ellas las que resultan fundamentales para definición de la agenda de la ciudad, como son las de presupuesto, vigilancia y gobierno. 
La fracción amarilla, blanquiazul y tricolor ha logrado ocultar los acuerdos extra legislativos con una aparente decisión de mayorías que contraviene la ley orgánica y la costumbre parlamentaria. El mensaje es claro, los partidos políticos de la caquistocracia de la Ciudad se aferran al poder y al autoritarismo y no les importa el bienestar de la sociedad. 
Se equivocan los legisladores del PRD, PRI y PAN, al ejercer una política de los acuerdos siniestros. No se trata de negociaciones para repartir el pastel de la Asamblea Legislativa. No es callar la legalidad con mil millones de pesos a repetir como botín. No se trata de que a cada diputado le toque una comisión y que eso se quiera hacer pasar por un añadido al trabajo que ya les corresponde a cada legislador. 
Las prácticas autoritarias, de dispendio, y fraudulentas han excluido al grupo parlamentario de Morena, cuyos integrantes han intentado sobrellevar una posición de primera minoría. Sin embargo, su estrategia política no ha sido aún efectiva.
No han logrado colocar el tema de austeridad por encima de la corrupción interna, y no ha logrado trascender una imagen de novatada a sus posiciones en el recinto de Donceles. Pareciera que los legisladores de Morena se quedaron absortos en la mayoría numérica que como grupo parlamentario obtuvieron en las elecciones. Desde luego, esta posición de primera minoría no alcanzaba para combatir la transa. 
En medio del marasmo, y a pesar de la campaña en contra, Morena aparece como la única fuerza que se opone al dispendio de la partidocracia capitalina. La alianza del PRD-PRI-PAN, con el aval del gobierno capitalino, trata de modificar, desde la burocracia y el ejercicio autoritario, el mapa político que coloca a Morena en la antesala de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Escogieron la asamblea legislativa como el escenario para dar un golpe de autoritarismo. 
El vendaval que significó Morena como primera fuerza en la Ciudad de México, fue recibido con el muro de contención de la inmovilidad y la alianza de intereses económicos. Las y los legisladores de Morena, simplemente, fueron recibidos con la resistencia, los artilugios y la corrupción de la caquistocracia capitalina.
Ante la falta de legalidad en la Asamblea Legislativa, Morena ha recurrido a la fuerza de la calle. Ante la cerrazón del poder enquistado en Donceles, sabe que necesita convencer a la ciudadanía. La principal labor de Morena tendrá que ser la búsqueda de consenso para apelar a la democracia y recuperar la cuidad de México para la ciudadanía. No es un dato menor que la lucha del grupo parlamentario de Morena se mueva entre el recinto y la ciudad, sobre todo si entendemos que las prácticas anti democráticas, ahora disfrazadas de acuerdos legislativos, vulneran la voluntad de la gente. 
El verdadero tema es el respeto a la democracia, a la voluntad popular y al ejercicio plural con austeridad presupuestaria desde la asamblea legislativa y las delegaciones. La pugna que veremos será por el equilibrio político y legislativo, proyectos y programas sociales universales para la ciudad, y el respeto a la disidencia política. Lo que está en juego es la democracia y el futuro de la ciudad y su gente.
   
   

Denise contra ¿Morena?

DD amlo

En su artículo “¿cuál izquierda?”, Denise Dresser ha hecho una sentencia lapidaria sobre Morena: “será un partido de un solo hombre, anacrónico y conservador”.

La sentencia de Denise se basa en acusar a Andrés Manuel López Obrador de ser el líder de un movimiento que, poca cosa para ella, solo busca combatir la corrupción. En Morena, desde luego, hay evidencia de un liderazgo carismático, que define una línea política general; esto solo puede entenderse en el contexto de una cultura política que no termina de romper con esquemas que ponen en nombres las expectativas y no en la ciudadanía.

Sin embargo, emitir una sentencia sobre que en ese instituto político hay un pensamiento único, evidencia una falta de rigor analítico o un interés poco claro que no se basa en la evaluación estricta de ese partido Para Denise Dresser, Morena no es una “izquierda moderna” sino “asambleísta” cuya plataforma no se distingue de la de los otros partidos políticos, y es muestra de un asunto de “retórica, planteamientos indistinguibles y lugares comunes”.

Para la activista de causas ciudadanas, Morena no es una izquierda “transparente”, y sostiene esto según el ranking del INE sobre entrega de currículos de candidatos. No analiza, Dresser los procesos que el INE propició para fomentar la transparencia de todos los partidos políticos, incluso no menciona los portales de las iniciativas como “3de3” (candidatotransparente.mx) o Voto Informado (votoinformado.unam.mx), donde se ubican contribuciones que esa institución envió y que ya, significan un fomento, incipiente e incompleto, de la información abierta de todos sus candidatos y candidatas.

Para Denise Dresser, promotora del voto nulo, las mujeres y hombres que votaron por Morena se equivocaron porque pensaron era la única opción, pues para ella el único camino era el rechazo de “la izquierda intolerante e ignorante”. La gente, dice Denise, debió anular a Morena y “anular al populismo conservador” y no nos dice nada de votar contra el PRI corrupto, el PAN antidemocrático, o el Verde tramposo.

Para Denise Dresser, todo lo bueno de la izquierda se hizo “después de López Obrador”. Los logros en los derechos sociales y ciudadanos en la Ciudad de México no tienen historia sino próceres delimitados por la elección de afinidades. No considera ni reconoce que los gobiernos de izquierda en la Ciudad de México fueron fruto de la lucha de miles de hombres y mujeres, y no solo de liderazgos afortunados. Desde luego, esto no exime al PRD que se volvió una cuna de corrupción, que dejó de ser un instrumento de la gente, y dio cabida a personajes opacos y corruptos, para olvidar su compromiso con las causas sociales.

Pero eso, se debe ser honesto, no es responsabilidad de Andrés Manuel López Obrador, sino de los “chuchos” y otras corrientes, que, por cierto, se dicen a si mismas “izquierda moderna” pero firmaron el “Pacto contra México”, y le dieron la espalda a la gente. Para Denise Dresser, Morena es anti-moderna, anti-globalista, sin propuesta de futuro. Se basa en redes clientelares y no en una militancia convencida y activa por los derechos sociales, ambientales y políticos.

Para Denise, Morena descalifica a la socialdemocracia, la única forma de ser “electoralmente viable” según su relato, aunque Morena convoca a transformar a México por la vía electoral y desde la izquierda y eso sea, para muchos, demasiado reformista e insuficiente. Para Dresser, Andrés Manuel no es de izquierda porque, en un estilo particular y abierto, declara que ser de izquierda es “ser honesto y tener buenos sentimientos”, o porque al opinar sobre “la legalización del aborto y los matrimonios gay”, argumenta, sin ahondar, que acabar con la corrupción es la condicionante para el ejercicio pleno de todos los derechos de la ciudadanía. No cuentan para Denise las mujeres militantes de morena que luchan por una igualdad sustantiva, o que sea un partido que cuenta con una secretaría de la diversidad sexual como parte de su organigrama.

Para Denise, el problema es AMLO, no los gobiernos panistas y priistas que impiden la interrupción legal del embarazo sea un derecho de las mujeres, a las cuales por cierto, criminalizan en algunos estados como Guanajuato. Para Denise, no cuentan los feminicidios en estados como Chihuahua o el Estado de México, con gobiernos priistas, éste último con un problema agravado en la seguridad de las mujeres, desde el gobierno de Enrique Peña Nieto. Si para Denise, los conservadores están e Morena, entonces ¿la razón y la modernidad están en el PRI, en el PAN, en el Verde?

Pero Denise, politóloga del ITAM, argumenta que todas las personas que votaron por Morena -porque consideraron que ese era el verdadero voto contra el PRI, el PAN, el Verde, el PRD, y el sistema político autoritario-; “desmodernizan a la izquierda”, la cuál debería ser, según sus afinidades ideológicas, moderna y racional. Sin embargo, hay quienes pensamos la izquierda como sinónimo de derechos, libertades, igualdad, democracia y justicia para regenerar, para transformar al país, y por eso esperamos, sin conceder cheques en blanco, que Morena sea un instrumento para la sociedad.

Desde luego, Morena debería entrar al debate de las ideas, debatir el voto nulo, las candidatras independientes, al reforma política del Estado, los derechos universales, los feminicidios, el aborto, al corrupción. Hay que insistir en las propuestas y las acciones que ayuden a tener un país sin corrupción, con legisladores sin lujos y donde los y las jóvenes tengan acceso a la educación. Evidentemente, esto se logra solo con principios éticos que esa organización debe priorizar y sin duda, en plena concordancia con la defensa de los derechos humanos, la libertad, la justicia y la dignidad de todas las personas.

Ser de izquierda también es optar por la vía electoral, como una de las vías para construir gobiernos honestos, con programas sociales, económicos y culturales que distribuyan mejor la riqueza y saquen del oprobio en que el neoliberalismo y sus partidos conservadores han sumido a la gente. Denise Dresser debate con la izquierda sin mirarla, pues se centra en un personaje. Sin embargo, la izquierda es más amplia, y hay mujeres y hombres honestos que la construyen en partidos, organizaciones y colectivos.

Desde luego, para ser de izquierda no basta tener buenos sentimientos, cierto, pero ser de izquierda no es nada si no significa el debate abierto y solidario, y no sirve si no se construye un vehículo para luchar por la gente, por la libertad, la justicia, la democracia y la dignidad.

Gana Syriza, gana la izquierda

Leonard Cohen suena de fondo en el mitin de Cierre de Campaña de la coalición de izquierdas griega Syriza. “First we take Manhatan, then we take Berlin” abre paso al discurso de apoyo del español Pablo Iglesias quien asume, junto a Alexis Tsipras, el papel protagónico de una izquierda opuesta al establishment europeo, y a la política continental de austeridad impuesta.

“First we take Athens, then we take Madrid” diría, después, en su cuenta de Twitter, Tsipras. Y el entusiasmo no es para menos. La coalición de izquierdas griega venció, al menos así lo indican las encuestas, la “campaña del miedo” de la derecha y el conservadurismo europeo.

Alexis Tsipras, es firme en sus demandas y propuestas. Ha moderado su discurso, para presentarse como un candidato ecuánime, capaz y negociador. En un texto para el Financial Times, antes del cierre de campaña, aseguró que “como miembro de la eurozona, un Gobierno de Syriza respetará las obligaciones de Grecia para mantener el equilibrio presupuestario…sin embargo, es una cuestión democrática fundamental que el nuevo Gobierno decida por si mismo cómo alcanzar esos objetivos. La austeridad no forma parte de los tratados europeos; la democracia y el principio de la soberanía popular sí lo son”.

Tsipras apela a un electorado amplio que se identifica como víctima de la crisis económica y de las políticas del gobierno del derechista Andonis Samarás. Un electorado que está cansado de la austeridad como salida única. Un electorado que se ha movilizado y ha herido de muerte al sistema bipartidista. Syriza ha entendido bien que el cambio debe ser de fondo, apelando a la soberanía y a la democracia en un contexto de colaboración y equilibrios en Europa, no de imposición desde Berlín y desde la Troika (BCE, CE y FMI).

Tsipras sabe que requiere ir por todo. En su mitin llamó a lograr la mayoría absoluta para formar gobierno: “Una mayoría absoluta de Syriza traerá consigo la autonomía de Grecia en Europa. Necesitamos la mayoría absoluta para asegurar la salvación social y para restaurar la dignidad”.

Dignidad, soberanía, recuperación económica y política para la gente no son poca cosa en un país azotado por la deuda, la falta de reservas, ahorro y crecimiento. Grecia es el inicio de una crítica a la Eurozona y un diseño basado en el endeudamiento y la austeridad. La crisis que afecta a Grecia, se extiende en España, Irlanda, Portugal. Y cada vez más son las voces que consideran erróneas las medidas que se impusieron.

La victoria de Syriza el domingo 25 de enero, representará una vuelta de tuerca al temor por una Grexit (salida de Grecia de la Eurozona) y re significará la noción de soberanía económica en una Europa lastimada y dividida. La victoria de Syriza, además, representará un impulso a las alternativas que se construyen desde la izquierda indignada, popular y democrática en otros países europeos.

Un impulso a la izquierda como alternativa que deberá ser considerado en América Latina, en especial en México, para renovar discursos, prácticas y canalizar la indignación popular, la digna rabia de los movimientos, y la confrontación democrática al sistema partidista tradicional.

La victoria de Syriza el domingo será una victoria de la izquierda alternativa en Europa, y de la izquierda alternativa en el mundo. La victoria de Syriza renovará el ánimo popular, y nos dará herramientas analíticas para pensar y organizar con capacidad un movimiento democrático, popular, que canalice la indignación, y la lucha por libertad, igualdad, justicia y dignidad.

El domingo 25, gana Syriza, gana la izquierda.

Fotos: FB/Syriza FB/Alexis Tsipras